Muchas veces los negocios fracasan. Disminuyen las ventas, la competencia crece y se debe plantear el cierre o, al menos, un cambio total de estrategia. De hecho, muchos grandes como Jack Ma, Bill Gates o, Donald Trump, se han reinventado tras varios fracasos como empresarios.

Se dice que ocho de cada diez pymes cierran en su primer año y medio de actividad, aunque las estadísticas oficiales muestran que la más de la mitad sobrevive a su segundo año. Sin embargo, ningún negocio, especialmente en el mercado online, suele librarse de pasar períodos más o menos largos de estancamiento o pérdidas. La clave es saber aplicar cambios para buscar soluciones o retirarse a tiempo.

 

Tomar el pulso a un negocio en crisis

Si tus ventas decaen, tu stock pasa demasiado tiempo almacenado y tu inversión empieza a agotarse, es momento de tomar medidas. Existen muchos motivos por los que un negocio digital se va a pique, pero muy pocos son irreversibles. En principio, revisar la facturación de la empresa ayudará a descubrir qué partes del proceso están aportando menos de lo esperado o están lastrando el resto del negocio.

En muchos casos, los limitados fondos con los que inicia operaciones una startup impiden un crecimiento inmediato de sus resultados. Sin embargo, un presupuesto limitado ayuda a racionar correctamente los recursos con los que se cuenta, especialmente en cuestión de compra de stock, reparto y relación con el cliente. Conseguir el equilibrio en esas tres facetas puede ayudar a cambiar el ritmo de un negocio y resucitar su actividad.

Más allá de los balances contables, es necesario echar mano de las estadísticas de la web para revisar las bases del negocio. Un nivel muy bajo de visitas no sólo da a entender que hay fallos en la estrategia de marketing, sino que puede revelar una mala experiencia de compra en la web, un diseño inadecuado de campaña o de imagen de marca.

 

Remontando en captación y postventa

Todos los negocios que fallan tienen algo en común: una mala o, en el peor de los casos, nula relación con sus clientes. Si un e-Commerce carece de tráfico, puede conseguirlo de manera sencilla y económica reforzando su presencia en redes sociales, generando contenido a través de un blog o mediante campañas de pago. Si el tráfico generado no deriva en conversión, el proceso de venta o pago y la política de precios y ofertas pueden necesitar una revisión a fondo.

En muchos casos, la atención al cliente es una de las facetas más importantes a la hora de conseguir que un negocio remonte. En el caso de que un pedido no sea correctamente entregado o haya dudas por parte del consumidor, una compañía puede ganar muchos enteros si sabe gestionar una interacción con un usuario y ayudarle en el proceso de compra o devolución. No conviene subestimar el valor que los clientes dan al buen trato recibido, sobre todo si se espera volver a verles.

 

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